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Frank Capra
dejó para la posteridad películas inolvidables. Sin lugar a dudas
está es una de ellas. Vive como quieras (You can't take it
with you) fue merecedora del tercer y último
Oscar del director
italiano. Una película que trata de romper con los prejuicios
sociales y en la que una vez más Capra
defiende los valores la clase social media, dando una lección
magistral sobre la familia y el uso de la libertad.
La película narra la historia de dos enamorados, Tony (James Stewart) y
Alice (Jean Arthur), que pertenecen a familias de distinto rango
social. Alice, es la nieta de Martin Vanderhof (Lionel
Barrymore), comúnmente llamado el abuelo, cabeza de una familia
numerosa y muy singular. Su filosofía de la vida es el vive como
quieras, lo que hace que la familia sea algo estrambótica y
anárquica. Sin embargo, viven felices porque cada uno es libre y se
sabe querido siendo tal como es. Por el contrario, Tony es el
hijo único de un importante banquero (Edward Arnold) que vive para
su negocio y cuyos proyectos futuros sitúan a su hijo al frente de
la compañía. Aunque posee mucho dinero es pobre ya que la gente le
estima por su dinero y no por ser quién es; es esclavo de su dinero.
Lógicamente el roce entre estas dos formas de vida hace que salten
chispas... pero ha de ser así. De esta forma se pone a prueba el
amor de los novios. Las estridencias de la familia le hacen pasar a
uno momentos deliciosos, al tiempo que nos enseñan a todos que el
secreto de la felicidad esta en darse a los demás.
La película obtuvo el
Oscar a la mejor película y al mejor director, y cinco
nominaciones. Puede considerarse la primera película importante del
gran Jimmy Stewart, que repetiría al año siguiente junto a Capra
y Jean Arthur en Caballero sin espada. Hacía pareja junto con
Jean Arthur, la estrella que figuraba en los títulos de crédito y
famosa protagonista de películas como El secreto de vivir
(1936) o las posteriores Caballero sin espada (1939) o
Shane (1953).
El reparto está repleto de veteranos actores de aquella época:
Lionel Barrymore (Saratoga,
Qué
bello es vivir, Cayo largo), Edward Arnold (Caballero sin
espada, Juan Nadie), Donald Meek (El capitán Blood,
La
diligencia) o Halliwell Hobbes (El puente de Waterloo, Luz
que agoniza).
En fin, otra lección de humanidad del cine de finales de los años
30.
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